Porque eso y no otra cosa ha sido esta mococrasia. Lean ustedes la Primera Serie de los Episodios Nacionales de Galdós: si no, recuerdo mal, es en el episodio cuarto (Bailén) donde aparece por primera vez el palabro. Esta mococrasia que padecemos desde 1978 no ha sido sino un pacto entre los camisas medio viejas del fenecido régimen franquista y las izquierdas, que venían de ayunar los llamados 40 años y traían mucha hambre atrasada. Recuerden, no obstante, que cada vez que hablemos de la «oposición franquista» no hablamos del PSOE, sino de los comunistas, que llegaron a sufrir cárcel (lugar que ningún socialista, ni importante ni sin importancia, pisó jamás con Franco). Pacto al que se adhirieron las élites regionales catalana y vasca: la primera, amenazando con romper España («o ens doneu el que volem o fotem el camp»)y aprovechando la pusilanimidad de la UCD; la segunda, poniendo los muertos de ETA sobre la mesa, no se olvide. Hoy ya nos queda claro que esas élites regionales no piensan más que en romper España sólo porque de ese modo ellos van a ser alguien.
Centrándonos en el PSOE, que está comprobado desde hace tiempo aquello de «cuatro siglas, cuatro mentiras». A estas alturas sabemos lo siguiente:
-
No son un partido, sino una banda, mucho más parecida a Alí Babá y los cuarenta ladrones.
-
¿Socialistas? En realidad, hoy su doctrina o adscripción ideológica parece más bien una etiqueta vacía de contenido. Hoy nadie sabe lo que es eso; pero quizá, si no tenemos una venda en los ojos, podemos aceptar la definición de Churchill.
-
¿Obrero? Ni de coña. Sólo hay que ver la composición de sus órganos directivos para ver que ninguno de ellos trabajó en la mina… o en cualquier otra parte y que son criaturas criadas a los pechos del Partido.
-
¿Español? Nuevamente hay que ponerlo en duda. Un partido español se esforzaría en conservar la unidad de España y su continuidad histórica. Dado que el PSOE intenta partir España en cachos, no podemos decir que lo sea.
Probablemente este último apartado necesite un poco más de extensión, pero no pierdan de vista ustedes que todo esto lo promueven las mal llamadas «izquierdas». Veámoslo:
-
Ahí tienen ustedes su «promoción» del llionés (que parece más bien una variante del bable asturiano), con el propósito ulterior y con el tiempo de desgajar el Viejo Reyno de León del resto de Castilla. Entre babayos y cazurros anda la cosa.
-
La cosa sigue con el castúo, dialecto extremeño. Extremadura, tierra de conquistadores… y con personalidad histórica, aunque de Madrid a Badajoz no haya más que un tren ovejero que una a ambas capitales.
-
También hablamos de la fabla aragonesa, de la que ahora mismo no tengo referencias, pero igualmente los gobiernos socialistas que ha habido en tierras mañas la han intentado promocionar (por ahora sin éxito).
-
Finalmente, nos ha surgido un grano en salva sea la parte con el andalú. Algunos tarados, siguiendo la estela de Blas (de) Infante, otro tarado, no sólo hablan de «patria andaluza», sino también de «lengua andaluza». Creo que tendrán que crear una Academia de la Lengua Andaluza (¡ala!) para determinar cuál sea el estándar: si el andalú de toda la vida, «enseñao» por el Comandante Lara y amigos o eso que dicen que jabla la todavía ministra de Hacienda, que puede acabar llamándose andalú chiki.
También y aunque sólo sea por mencionarlo, hay problemas en el domini lingüístic català. Si ya dentro del Principat tenemos unas cuantas variantes, que ha tratado de eliminar el efecto uniformizador de TV3, en Valencia no están por la labor («mosatros no charrem català») y en Baleares tampoco, cuando hablan de «sa nostra llengo» que, desde luego, no es el català oriental (variante kamaca) por más milions que haya enterrado la Gencat a través de la ACPV y la OCB.
El PSOE, despojado hace mucho de toda ideología, ya no quiere una España «antes roja que rota» por la que clamaba Azaña, al que no pocos socialistas deberían leer. Ahora, simplemente, la quieren rota. Hablaremos de eso en una próxima entrada.
Deja un comentario