No es mi intención tanto remedar cuanto homenajear —si ello es posible para alguien como yo— los artículos de costumbres de D. Mariano José de Larra. Creo que si D. Mariano viviese hoy, tendría material para varios tomos. Un servidor no pretende llenar varios tomos con artículos de costumbres. De hecho, si uno se toma la molestia de leer alguna de las colecciones sus artículos disponibles, comprobará con sorpresa-decepción-enfado que algunos de los temas que él trata siguen estando de actualidad… como lo están —quién lo diría— las Memorias de un cortesano de 1815, de la Segunda serie de los Episodios nacionales de D. Benito Pérez Galdós.
El destinatario de estas «cartas imposibles» es D. Javier García Isac, cuyo programa «En la boca del lobo» escucho todas las mañanas, una vez comprobado que Federico se ha quedado de palanganero de partido y, como en el caso de Canarsú o RAC105 (entre tantas otras) sabemos «de dónde come», como otros radiofonistas que andan en el candelero y que «no son de derechas» (aunque ese criterio de izquierdas y derechas ya esté desfasado).
Estimado Javier:
Parafraseando a D. Mariano, «Lucidos quedamos, querido Javier». Nos está quedando un país la mar de bonito. Después de un largo silencio tomo la pluma, a sabiendas de la razón que tenía Quevedo, tanto al decir que «donde hay poca justicia es peligroso tener razón», como al decir «hay cosas que, aunque sean verdad, no se pueden decir» (el Buscón Don Pablos, que siendo niño le arreó una pedrada a un compañerito de su colegio por decir que era «hijo de una puta y hechicera», lo cual era verdad, al parecer).
Yendo más al grano, vemos que la lista de cosas que uno puede saber pero no puede decir se alarga cada día más. Estoy seguro de que tú sabes cosas que alguien importante, de muchas campanillas, te ha confiado porque a veces la necesidad de contar cosas es apremiante, como descargo de conciencia. Y sabes también que si eso sale a la luz en un momento inoportuno (¿para quién?) pueden crujirte a ti y a tu empresa. Ya sabes cómo van estas cosas: con los mindundis como un servidor no es necesario hacer gran cosa: te suspenden la cuenta en redes sociales «por incumplimiento de las reglas de no-sé-qué» (les ha ocurrido a muchos y nadie ha denunciado ante la justicia la situación de indefensión en la que han quedado), o te entran en el blog y te borran la entrada donde tú cuentas (o elucubras) eso que no se puede decir. En este caso, el pecado (o delito, si quieres) es acercarte demasiado a la verdad, aun inadvertidamente, un poco como la polilla a la llama.
A tu nivel, sin embargo, la cosa puede cambiar y mucho. Eres periodista, tienes un programa de radio con una audiencia más que respetable a pesar de las cortapisas, zancadillas y limitaciones que padecéis (qué no daríais vosotros por tener un dial en todas las provincias españolas y sin miedo a que os destrocen los repetidores, ¿verdad?). Así pues, si a ti te llega una información que, supongamos, te ayuda a conectar los puntos en un caso candente, importante y peligroso, y se te ocurre soltar esa información en directo, puede ser que no baste con cerrar la emisora. Puede ser incluso que te apañen. Partiendo de la base de que el PSOE se ha convertido a partes iguales en una secta y una mafia (lo primero, para los de dentro; lo segundo para los de fuera) y teniendo en cuenta la deriva autoritaria que está tomando la política, no es imposible que un mal día tengas un accidente. Dicen que eso fue lo que pasó en el caso del recordado Antonio Herrero, que da nombre a uno de los estudios de grabación de vuestra emisora. Nunca se aclaró del todo la circunstancia y su caso quedó como aviso para navegantes.
Y para no hacer más larga esta primera «carta imposible», dejo la siguiente observación, pegada a la actualidad. Todo el mundo da por sentado que Ayahuasca Montero se va a pegar una hostia de reglamento en las próximas andaluzas. Según parece, hasta la pesoe confía en Moruno Bonilla como su candidato para continuar con las políticas de destrucción nacional que llegan de Bruselas. El aterrizaje de la exministra de Hacienda más abajo de Despeñaperros suscita, no obstante, una pregunta, que hasta ahora no la he visto formular a nadie: ¿qué es lo que ha provocado la salida de Montero del Gobierno, con el pronóstico electoral que le espera? Seguramente nos enteraremos, pero no antes de las elecciones. Dejemos aparte que Montero lo tenga peor que Francisco Alegre («En los carteles te han puesto un nombre que no lo quiero mirar…»). Aunque ya, después de leer tus libros sobre la pesoe, no nos pueda sorprender mucho de lo que vaya a ocurrir.
Sigue con salud.
Un saludo cordial,
L.
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