Y a partir de aquí, todo se desmorona. Empiezan a salir rumores sobre quién es de verdad «Mari Carmen». Resulta que, a pesar de su discapacidad, no es una ancianita desvalida. Resulta que, a pesar de pagar renta antigua, no es una pobretona de solemnidad: si hay que creer los rumores, la señora tiene depositada en un banco unos 250.000 euros y además posee un paquete de acciones. Insisto en que son rumores y que alguien debería investigar el extremo y decir la verdad al respecto.
Luego también hay otra cosa que se desmorona: la ficción de los «jóvenes valientes luchando contra los desahucios». Empecemos por decir algo: seguramente entre esos jóvenes (algunos no tanto) hay quien se apunta a un bombardeo porque no tiene nada mejor que hacer. Es la masa, la que recibe los palos de la Policía, la que sale en la televisión recibiéndolos. Los otros, los «ardientes defensores de la justicia», aparecen, pero sólo cuando hay cámaras y pueden soltar su discursito antifascista. Además, ¿tú crees que esa gente se pone al frente de nada si no es previo pago (en dinero o en especie)? Hoy en día, si no es un partido o sindicato que convoca una manifestación, nadie sale a la calle. Nadie. Y nadie lo hace, en otro caso, saliendo a pecho descubierto. Alguien tira de los hilos y forma el parapeto de los indignados.
Y la verdad sigue soltando perlas, a pesar de que ha viajado a pedales: resulta que tres de los capitostes que aparecen en los medios soltando el discursito antifascista (ah, pero el fascista eres tú por no pensar como ellos). Todos ellos habiendo estudiado en buenas universidades (nada de universidades «de batalla», donde uno ha de mezclarse con la pestosa plebe, ¡puags!). Y uno de ellos, para más inri, nieto de un exministro de Suárez: para ser exactos, de Aurelio Menéndez Menéndez, que fundó con Rodrigo Uría un bufete de prestigio y que escribió, con el mismo, un Curso de Derecho Mercantil que puede que todavía sea de referencia, como lo era en mis tiempos universitarios. También en esto se cumple una constante histórica: que los dirigentes comunistas son casi siempre miembros y miembras de familia pija. Y que si de origen no lo son, acaban comportándose como tales.
Este sujeto oficia de portacoz del «Sindicato de Inquilinas e Inquilinos» y es además, profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), de donde emergió, como estudiante, con una doble licenciatura en Derecho y Administración y Dirección de Empresas. Vamos, el currículo de un proletario. Con su formación jurídica ya debería saber que la agrupación de la que él es portacoz no es un sindicato, sino y todo lo más, una asociación civil.
Aún más se les cae la careta cuando en su reducto —permitido, no se olvide, por el sanchista Delegado del Gobierno en la CAM— aparece un periodista de un medio desafecto, como el vuestro, y simplemente pregunta a uno de los juerguistas participantes «qué sabe del decreto aprobado por el Gobierno sobre los alquileres». Rápidamente se forma el corrillo y diez, quince o veinte descerebradas chillan como marranas a punto de degollar: «¡Fuera, fascistas, de nuestros barrios!». Tú los ves y piensas: «Una gente que se escuda tras la manada para agredirte, cuando menos verbalmente, no es gente valiente ». Y el periodista tiene que salir de ese reducto sin poder haber recogido una opinión (es decir, sin haber podido hacer su trabajo) y escoltado por la Policía.
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