Al final, el asunto termina como ha de terminar: como un asunto de salud pública. Los acampados, aparte de todas las otras etiquetas, son unos guarros. Han dejado tal cantidad de basura, entre excrementos y amoníaco, que alguien ha tenido que tomar serias medidas. ¿Quién? Desde luego, no la Delegación del Gobierno, que piensa que «son de los suyos» y les deja hacer por orden superior. Del Ayuntamiento tampoco: Almeida odia a muerte a Ayuso y toda la propaganda mala que le pueda hacer va bien al Alcalde. Ha tenido que ser la propia Ayuso la que tomara las necesarias medidas de salubridad, cerrando la estación del Metro de Sol. Como llevo dicho ya unas cuantas veces, Ayuso no me gusta por agendista; pero en lo que haga bien, tendré que aceptar que está bien y darle la razón.
De esta parte me queda por decir, como decimos en catalán: d’on surten les misses? Es decir, ¿quién ha pagado la fiesta? Porque no han sido papi y mami, seguro. Papi y mami no saben que el niño (o niña) está haciendo la cabra (¿mecánica?) con unos coleguis de buen rollo y que incluso salen por la tele. Da igual que lo que muestra la tele se parezca más al Krusty Kamp tomado por Bart Simpson que a una acampada normal:
—¡Mira, Paco, la niña (el niño) sale en la tele!— dice la madre, arrobada.
El padre levanta la vista del periódico, mira un momento la televisión, ve a su hijo (hija) con ropa de varios días, el pelo teñido de diversos colores y barba y greñas a juego (gracias a Dios, la televisión es un medio que entra por los ojos y no por la nariz). Suelta entusiasmado/a la matraca-consigna de los fondos buitre-hedukazion puvlika i de kalida-negocio-Almeida-Ayuso (los dos últimos, inevitables) que algún profesor le ha enseñado en clase. Frunce el ceño.
—Vaya, la niña (el niño) ha adquirido «conciencia social». Le vendrá bien cuando termine sus estudios de ADE en la carísima universidad que tú y yo le pagamos y le (la) pueda meter a trabajar en la empresa, que es donde le corresponde. Por cierto, veo que ahí está también el hijo de los Pérez metiendo mano a las niñas de los López. Otro que apunta maneras. Cuando vuelvan de la fiesta no sólo habrá que lavarlos. Habrá que llevarlos a que los fumiguen.
—Ay, Paco, cómo eres. Nuestros hijos tienen derecho a divertirse un poco, ¿eh? —dice la madre, defendiendo un poco a su hijo (hija) al estilo de la Legión («con razón o sin ella»).
—Sí, Elena. Pero no a costa de nuestro dinero y haciendo el idiota ante todo el mundo por unas ideas cuyas consecuencias, al parecer, desconocen.
Y en esto, un servidor da toda la razón a «Paco», director gerente de una empresa que suministra componentes de precisión para la aviación con contrato con el Ministerio de Defensa.
Curiosamente, en esto empieza a sonar el nombre de Soros como financiador y muñidor. Dado que ese señor (padre e hijo) odia a Occidente, es posible que esté financiando la fiesta. No podemos darlo por seguro; pero si es así, como diría el amigo PotaBlava62, «finjamos sorpresa».
Deja una respuesta