Comencemos, como siempre, con nuestro grito de guerra: ¡Lucidos quedamos, querido Javier! A estas alturas, decir lo del «país bonito» ya ni siquiera es un tópico, sino un espejismo que cuando la gente lo oye, reacciona con un «Bah…» y a otra cosa.
Yo no sé si los tiempos que vienen van a ser malos. Parece que sí: malo cuando ¿gobierna? la izquierda y peor cuando no gobierna. De hecho, el problema para muchos españoles ua no es «qué va a hacer el gobierno», que está totalmente finiquitado y ya le da igual «ocho que ochenta»… o los cuarenta y siete de Adamuz. Suena a algo así…
—A ver, Sanxe. Vamos a hablar de la corrupción de tu partido.
—Eeeeh… no, no hablemos de eso. Vamos a hablar de Maricarmen (¡pumba!: Maricarmen se muere y ya no sirve)…bueno, pues hablemos de Ceuta (¡pumba!: nos enteramos de que el Gobierno tenía informes de lo que iba a ocurrir antes del 30 de julio y no hizo nada. Además, como el jefe de Estado Mayor de la Armada dijo que «estábamos para ayudar»… )… Vale, hablemos del «problema de la vivienda» (¡pumba!: una señora se suicida en L’Hospitalet; pero como los socialistas gobiernan en el Ayuntamiento, en la Gencat y en Madrit, ya no interesó)… Oye, es que no se puede hablar de nada, ¿eh? ¿Podemos hablar de la gestión de Ayuso y de la derecha en Madrid?
—¿De qué parte?
—Eeeeh… bueno, de todo. Es que Ayuso y la derecha lo hacen todo mal.
—Vale. ¿Y ahora podemos volver a la corrupción de tu partido y de tu familia?
—¿De qué corrupción me hablas, eh? ¿De qué corrupción? —aquí se pone chulo.
—Pues de su hermano… de su mujer… de la secretaria de ésta… de Ábalos, José Luis Ábalos, de Torrente… de Santos Cerdán y Servinabar…
—Encima, graciosillo. A ver, Valverde —y hace al gorila con ínfulas personal de seguridad una seña con la mano, señalando al periodista y haciendo el gesto de espantar con la mano.
—Bueno, se acabó la entrevista.
—Oiga, que yo ejerzo mi derecho constitucional a infor…
—Tú lo que tienes es el derecho a que no te parta la cara si no dejas de preguntar, payaso —corta el gorila—. Anda, lárgate y deja de molestar.
Claro: ante ese nivel de amenaza uno tiene el derecho constitucional de retirarse. Como es de esperar, el artículo 20 de la Constitución cede ante el más importante artículo 15. Y uno se retira, a sabiendas de que esa coacción, denunciada ante el TC vía recurso de amparo, o bien no tiene recorrido (el TC de Conde-Pumpido, siempre a las reales plantas de Sanxe, la rechazará en un pispás, como si fuera una cagada de mosca en una ventana) o bien, admitiéndola a trámite, tiene un recorrido tan largo que no valen la pena ni el tiempo que tardará en resolver el Alto Tribunal ni el dinero que le va a costar al recurrente entre provisiones de fondos y honorarios de abogados.
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