Disculpa un poco la digresión anterior. Me pareció pertinente comentarlo y ahora vuelvo al hilo de la conversación. Decíamos que «el TC de Conde-Pumpido» se ha convertido de facto (de iure en principio no podría) en «instancia superior del TS». ¿En todos los casos? No; sólo en los casos que afectan al «interés del Gobierno». ¿Y cuál es (era) el interés del Gobierno? Salvar la cara de sus aliados si sus pifias llegaban al Supremo: «No os preocupéis por el Tribunal Supremo; esto lo arreglamos en el Constitucional».
Particularmente grave es la intromisión del TC e invasión de competencias del TS en el tema de la «amnistía» a los golpistas de 2017… y ahora también con la mal llamada ley de nietos, ese burdo intento de pervertir el censo electoral en favor de la banda de facinerosos que nos (des)gobierna y por el que la hermana del Ministropiteco está siendo empurada (imputada; esperamos que en algún momento se vuelva a esta terminología anterior y se abandone la chorrada ésa de «investigado», ocurrencia del Ministro de Justicia Rafael Catalá Polocú, del PP, en 2015). Tampoco es la primera vez que el TC hace las veces de instancia superior del TS. En esta ocasión, la actuación del «Alto Tribunal» no sólo rozó simplemente la indignidad, sino que ésta quedó fielmente registrada en la STC 62/2011, de 5.05.
Visto así, la calificación de «Tribunal Prostitucional», que le valió a su autor, ya en 1990, una querella por «injurias a una alta institución del Estado» no se aparta demasiado de la realidad. Tiene su gracia que la FGE adujera, como motivo de la querella, el «manifiesto ánimo de descrédito y vilipendio». La FGE pasó por alto interesadamente que el descrédito y el vilipendio procedían (proceden) más bien de la actuación de dicho «Alto Tribunal». Pero lo que le pasó a Ramón es lo que pasa cuando dices en voz alta lo que todo el mundo piensa pero no se atreve a decir. Curiosamente, el juez que archivó la querella y que entonces estaba destinado en los Juzgados Centrales de lo Penal fue nada menos que… Baltasar Garzón, que consideró que la viñeta del dibujante Ramón quedaba amparada por la libertad de expresión. Las vueltas que da la vida, oyes.
Así que ya ves, Javier: la acción de gobierno con la finalidad de conservar el poder (en otros ámbitos tal vez no, pero en ése son decididamente conservadores) es multinivel y toca muchos palos, que diríamos en el arte flamenco. Sus tentáculos, hoy por hoy, llegan a muchas partes: nivel político, judicial (como ya hemos visto, hay jueces y juezas para el Socialismo que trabajan para el Partido), mediático (a ésos los conoces tú mejor que yo), empresarial (a tenor de lo que está saliendo sobre tramas empresariales que terminan en Ferraz, hay que contarlo), social (con sus dos ramas de «observatorios» y «ONGs», de cuyas siglas se ha caído la N)… Y a los que hay que añadir el nivel callejero, o barriobajero. De ése hablaremos acto seguido.
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