El partido Adelante Andalucía, que ha pasado de 2 diputados en 2022 a 8 el domingo ha sido, como decíamos en la entrada anterior, la sorpresa de la jornada. Según la Wikipedia, nacieron como coalición entre los partidos Podemos, IULV-CA, Primavera Andaluza e Izquierda Andalucista.
Repasando someramente su «ideología», nos encontramos con lo siguiente:

En líneas generales es el típico batiburrillo de un partido de izquierdas. Desmenucemos los diferentes concetos empezando por lo sencillo.
a) Antineoliberalismo. Lógico y natural. Si son «de izquierdas», la libertad de empresa, de contratación e incluso la tolerancia intelectual les sientan como una patada en el vientre. No les gusta que un señor («ooooo señora», que hubiera dicho Loretta) pueda iniciar una actividad sin que ellos le den el visto bueno o sin percibir su mordida. Incluso se podría decir que están en contra de las profesiones liberales, al estilo de los jemeres rojos camboyanos. Médicos y abogados son «trabajadores intelectuales» (llevan gafas) y, por tanto, sospechosos de contrarrevolucionarios.
b) Feminismo. Este punto casi ni merecería comentario. Después de los casos de «Ábalos, José Luis Ábalos, de Torrente» Supersantos Cerdán, Coleta Morada, sus cuates y sus refrigerios en el baño con algunas gachises universitarias… y algunos otros, convendremos en que «izquierda (socialista o comunista)» y «feminismo» no combinan bien en la misma frase. Ahí lo dejamos. Lo de los «derechos LGTBI», para nota. En la URSS, desde luego, no hubieran tenido cabida, como no la tenían en la Cuba de Castro y del «Che», ese gran ídolo revolucionario… de las camisetas.
c) Socialismo democrático. Si tienen que ponerle un adjetivo a su ideología, es que presuponen que hay más de una variante: es decir, que según ellos puede existir un socialismo que no sea democrático. Lo malo es que, vista la historia de lo que se ha dado en llamar «izquierda», democrático sólo significa que aceptan el juego de presentarse a las elecciones con intención de ganarlas, no de acceder al poder tras provocar una especie de estallido revolucionario. Se parecerían en ese sentido más al NSDAP que al PCUS, por mucho que les reviente.
d) Soberanismo. Bueno, aquí la cosa se complica un poco. Adelante Andalucía, por lo que deducimos, propugna una «Andalucía soberana»: es decir, un Estado independiente del resto de España. Lo que no terminamos de ver es qué clase de soberanismo quieren: si un soberanismo «puro», es decir, ser simple y completamente independientes, como podrían querer los euskaldunes, o un más cómodo «soberanismo a la catalana», que implica ser un Estado, sí, pero teniendo de rehén al resto de España. Volveremos sobre esto en una próxima entrada.
e) Ecosocialismo. En otro contexto no sé; pero en el contexto en que nos movemos, «ecosocialismo» significa una creencia ferviente en que «hay que salvar el planeta» y en los 17 «objetivos sostenibles» de la Agenda 2030. Que básicamente son la manera de convertir a un pueblo otrora gallardo y orgulloso como el español en un rebaño de peleles desarticulados, hambrientos, pobres, enfermos, tontos y solos.
f) Andalucismo y nacionalismo andaluz. Reunimos estas etiquetas en un solo epígrafe porque a nuestro entender son de significación parecida. Estas dos etiquetas, pese a su novedad histórica en esas tierras, no son nuevas en absoluto. Un servidor ya las conoció… en Cataluña. Miro mi reloj para comprobar cuánto van a tardar esos señores en hablar del «hesho diferenciá andalú» (el famoso fet diferencial catalán), en insistir en la jabla (como en Cataluña insisten en la llengua)… y en discriminar política, jurídica y socialmente a los que no se avengan a todos los demás presupuestos que estos señores pretendan imponer.
Que esto haya prendido con tanta fuerza en Andalucía es una anomalía, al menos desde el punto de vista histórico.Pero hablaremos de ello.
Blas (de) Infante se revolverá (de contento) en su tumba… juntamente con Hassan II. En una próxima entrada hablaremos de la estrategia subyacente.
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