Pensamientos al vuelo

Ideas, intuiciones y otras cosas que se me pasan por la cabeza


Carta cuarta escrita a Javier (II)

Siguiendo con la relación, toca preguntarse ahora qué es lo nuevo. Antes de empezar, no está de más recordar que no pocas veces lo nuevo simplemente es una repetición de lo antiguo con diferente ropaje y alguna que otra modificación para que no se detecte inmediatamente el patrón.

Dicho lo anterior, entramos en materia. No es nuevo que el todavía presidente Sánchez sea un mentiroso patológico: que todas las trolas que nos ha soltado desde 2018 quepan en un libro de más de 500 páginas ha de ser un indicio del tamaño de su capacidad de fabulación. En este sentido, Pedro Sánchez es la versión corregida y aumentada de sus predecesores: del Felipe que, como decía el chiste, para anunciar que se acababa el mundo decía a los españoles «en quince días se acaba el paro» y del ZP místico, el de «la tierra no pertenece a nadie; sólo al viento»… mientras muchos esperábamos que una ventolera nos lo quitara de encima.

En cuanto a Sánchez, ya es famosa su letanía de «Yo nunca haría», que comenzó en 2018. Y la cuenta, como hemos dicho, es larguísima. Por no hablar de sus cartas a la ciudadanía, que suenan hoy como un rancio Hoy quiero confesarme de la Pantoja. Todo envuelto en un celofán ridículo tras el que, al mirar con atención, no hay nada. Como no lo había en ZP ni tampoco en Felipe. Bueno, algo sí hay; pero no es algo que se haya querido ver y que sólo ahora, por la fuerza de las circunstancias, nos vemos obligados a mirar.

La historia de la democracia española, de «ese sistema que nos hemos dado», como reza el mantra oficial, es también la historia de una degradación. Corra o no pareja con la degradación de la Unión Europea —creemos que sí—, a estas alturas de la película es importante hablar de ello con claridad y sin tapujos. Ya nos referimos a ello en otro lugar y ya entonces un servidor creía habíamos tocado fondo y que lo que cumplía era arreglar las cosas para ascender; pero tuvimos la desgracia de tener a Mariano como presidente, un presidente que consideraba que lo mejor que se podía hacer para arreglar la situación era literalmente nada. Así que no ascendimos y nos quedamos en el congelador.

En estos últimos tiempos, sin embargo, parece que estamos tocando fondo de verdad. Nunca habíamos visto que un expresidente del Gobierno pudiera ser llevado ante la justicia por actividades legalmente cuestionables y que no se le pretende juzgar por ellas en España, sino que también Estados Unidos tiene interés en que ZP comparezca ante la justicia de allí para que les cuente lo que hacía en Venezuela (entre otros lugares), en la parte que a ellos les interese. Por lo demás, la lista de imputados tiene visos de no quedarse en los treinta que por ahora están («son todos los que están, pero no están todos los que son»).

Pero no solamente eso, Javier. Yo siempre creí que Sánchez, pese a su estatura de jugador de baloncesto, sus modos chulescos de «sujétame el cubata» y «de quién depende la Fiscalía», así como de su capacidad para creerse la realidad que él mismo inventa, no era más que un peón en un tablero donde se juega una partida mucho más importante y más a cara de perro. Es un peón peligroso, eso sí: particularmente yo le veo capaz de encender una mecha. Que la mecha acabe en simples disturbios o desorden general y guerra civil, ya se verá. Pero en realidad y dada la cada vez mayor irrelevancia de España en el concierto de las naciones, Sánchez no es considerado más que un peón. ¿A las órdenes de quién? Bueno… aquí se corren apuestas. Para que no nos tachen de «conspiranoicos fachosos» o soplapolleces parecidas, lo dejo a tu consideración y a la de quien lea esta «carta», aunque naturalmente tenga una teoría.


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