Ante todos estos acontecimientos, Javier, llego a una conclusión que elaboré hace mucho, que no sé si se cumple en otros países, pero en el nuestro se da de lleno: un partido pequeño es un grupo de amigos; un partido mediano, una conjunción de intereses; y un partido grande, una cueva de ladrones. A estas alturas de la película y por progresión imitativa, cabe decir que no hay partido importante que no tenga su sector negocis, como en su tiempo lo tuvo la extinta CiU (y que, según parece, Junts ha resucitado recolocando a viejos nombres del nacionalisme catalán en puestos relevantes en empresas públicas estatales y consejos de administración de empresas punteras). Luego resulta que todos se conocen y que funciona a todos los niveles otro axioma: «Fami(g)lia que roba unida, permanece unida». La burbuja política mantiene su estasis.
Lo nuevo es también que no sólo un expresidente y un presidente en el cargo puedan ser llevados ante la justicia. Resulta que toda la banda (es decir, el conjunto de personas que asiste de pleno derecho a las sesiones del Consejo de Ministros) está metida en el barro hasta el cuello: desde el ministro tuitero, que pasaba más tiempo bloqueando en Twitter que arreglando vías, pasando por la sonrisas Diana Morant, que trata de poner un pie fuera del Gobierno asegurándose un escaño en la oposición autonómica valenciana (como Ayahuasca Montero y probablemente con la misma suerte), hasta el ministro de Justicia y Relaciones con las Cortes, que pretende tener bolaños suficientes como para doblar la mano a los jueces. Todos tienen algo que ocultar… aunque ya no sea desconocida, por ejemplo, la condición de masones de éste y del canario Ángel Victor Torres. Condición que comparten con el capo di tutti capi ZP, como ya afirmó en su momento el padre Manuel Guerra Gómez.
Lo que tampoco es nuevo es la penosa incapacidad del presunto líder de la oposición de aunar voluntades para echar a la banda. Bien sea porque ofician de colaboradores necesarios del régimen en el podrido turno de partidos pactado en 1978, bien sea porque los que apoyan a Sánchez han hecho números y han decidido que les sale más a cuenta apoyar a Sánchez que a un tipo que, aunque socialdemócrata de derechas, podría volvérseles en contra en función de los vientos que soplen. Porque si algo es Feijóo es gallego en ejercicio: «non se sabe si sube ou si baixa, si ven ou si vai», lo cual le califica como riesgo para sus posibles aliados en la empresa.
De todos modos, Javier, sabe que no hay nada de «noble» en la reciente proposición de moción de censura de Junts. En mi modesta opinión, dos son las ideas que sustentan esa proposición: en primer lugar, que el país ha llegado a un punto en que ya no lo pueden exprimir más sin que se les vea que ésa es su única intención. El nacionalismo aldeano y cazurro de Junts (y del PNV, del BNG y ahora también de Adelante Andalucía) necesita que España se vaya a la eme para que ellos puedan aspirar a ser alguien. Y en segundo lugar, están viendo que Sánchez y su sanchismo han entrado en barrena, por lo que van dando pasos para tratar de que su caída no los arrastre. El típico tránsito (esta vez a nivel de partido) del «por él pongo la mano en el fuego (previo pago, eso sí)» al «esa persona de la que usted me habla».
Tampoco es de desdeñar que a Junts le preocupe que, dentro de Cataluña, Sílvia Orriols (Aliança Catalana) les esté comiendo la tostada con un discurso al mismo tiempo antiespañol y anti-inmigración, pues gracias a los dos grandes partidos de allí (Junts y PSC) Cataluña se ha convertido en una especie de Can Seixanta y no pocos catalanes, aunque no votarían a un partido nacional, sí están hartos del desmadre que es la vida cotidiana en, por ejemplo, la misma Barcelona. Y si hay un partido que recoja ese descontento, con el tiempo va a coger vuelo. El problema vendrá, como casi todo, al leer la letra pequeña; pero por el momento, a nadie más le preocupa eso.
Seguiré con algunos de los temas planteados aquí en otras cartas, para no hacerte esta carta más larguísima de lo que ya es.
Sigue con salud.
L.
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