Pensamientos al vuelo

Ideas, intuiciones y otras cosas que se me pasan por la cabeza


… estos lodos (III)

Siguiendo con la historia a seis años vista, con todas esas muertes por repentinitis (y causas sin precedentes familiares, como ictus, insuficiencias renales, enfermedades coronarias), así como la incomodidad de la pregunta «¿Se había vacunado esa persona?», la excusa más manida ha sido, sobre todo para los responsables que no se podía saber. Por supuesto que no, mamones. En toda la UE (de hecho, en todo el mundo) se impuso una censura feroz y así, virólogos anteriormente respetados, como Wolfgang Wodarg (Falsche Pandemien, libro que ninguna editorial española ha tenido cojones de traducir y publicar hasta la fecha), se vieron de la noche a la mañana no sólo despojados de sus privilegios médicos, sino amenazados de muerte.

En España vimos como algún médico que se atrevió a levantar la voz públicamente fue despojado sin contemplaciones de su licencia médica, para escarmiento de todos los demás. No menos importante fue la censura en redes, donde la gente que intentaba compartir su experiencia o unía los puntos en voz alta era simplemente expulsada y su cuenta bloqueada de ellas si era contraria al relato oficial. O como ocurrió en EsRadio el 15 de abril de 2021: los que escuchamos aquel día su programa de la mañana fuimos testigos del exabrupto de su subdirectora, conminando a no llamar para protestar por el korona, porque «no les iban a dar paso». Lo sangrante fue, en aquella ocasión, que un filósofo (es decir, un señor que se dedica al oficio de pensar) le hiciera los coros. Y no olvidemos que la maricona soplapollas (que hubiera dicho el sargento Hartman y no, no estamos en horario infantil) de Interior obligó a sus subordinados a surfear las redes para detectar, identificar y sancionar a los que contrariaban el discurso oficial, como si las FCSE fueran una sucursal de la Stasi. Es decir: fue relativamente fácil tapar las voces discrepantes con ruido mediático y amenazas de diverso calibre.

¿Y qué pasó cuando se levantaron las prohibiciones del korona? Lo primero fue la desaparición sin dejar rastro de los perros ladradores, los que en los diarios tronaban contra los no vacunados llamándonos «asesinos» y «malos patriotas» lo más bonito; o que exigían que «no se atendiera sanitariamente a los no vacunados» y otras barbaridades. Que fuera por miedo, por defender su chusco o por ambas razones lo dejo a la consideración de ustedes. También desaparecieron sin dejar rastro los tuits que animaban a la vacunación e insultaban a quienes no se vacunaban. Me imagino que no pocos de ellos acabarían con tendinitis, de tanto que tuvieron que borrar. Algunos se preocuparon de coleccionar capturas de pantalla; pero básicamente todo el material importante quedó borrado, cuentas incluidas.

Pero casi se puede decir que todo esto es el chocolate del loro, aunque ciertamente lo sufriéramos los ciudadanos de a pie. Lo importante, según vamos sabiendo, y con intermediación del capo di tutti capi, ZP, fueron los negocietes que hunos y hotros hicieron al socaire de los confinamientos y de las medidas restrictivas del momento. Verdaderamente, a mí que la Tía Paca (Armengol) llegase borracha y sola a su casa me da igual. Pueden añadir ustedes el sainete de Las putillas de Teruel (puta ella y golfo él), que género mas chico que ése no puede haber. Más me importa saber por qué, por ejemplo, en el llamado caso Mascarillas todavía no ha aparecido públicamente el nombre de Salvador Illa, a la sazón ministro de Sanidad y hoy President de la Generalitat catalana. Se presume que el valor de los negocios que cerró durante ese período anda por los cien millones por unas mascarillas y respiradores defectuosos… ¿y todavía la Justicia no se ha interesado por él? Claro: tan ocupado como anda islamizando Cataluña, no le queda tiempo para responder a las preguntas de un juez, que tendrá que ser de la Sala II del TS dados los cargos anteriores y actuales del antedicho.


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