47 muertos al principio del año y 74 al final (no confirmados aún, pero es posible). Éste es el balance socialista del año. No dudo de que esos muertos no están al principio de la lista de preocupaciones del Gobierno. Lo fundamental es, para esta banda de facinerosos a la que, en teoría, le queda un mes, evitar la ira del pueblo y la cuchilla judicial. La primera línea de defensa, como hemos dicho, es la mermelada sentimental: los mecheritos, las «manos blancas», los «minutos de silencio»… y luego, el silencio y a otra cosa. Si no hay «presión social» y «presión mediática» (salvo los pocos medios que, como el tuyo, siguen recordando en vez de plegarse y seguir la prensa del movimiento), nada se va a mover.
Lo cual nos hace reflexionar lateralmente sobre el asunto de los accidentes. Si el estado de las carreteras y vías férreas es suficientemente bueno, es posible convocar una manifestación contra el Gobierno hacia todos los rincones de España y mover grandes contingentes de personas hacia Madrid. Si, por el contrario, hay carreteras y vías férreas necesitadas de una revisión o incluso de reparación desde hace años, como sería el caso, trasladarse a Madrid desde cualquier punto de España no sólo es complicado, sino que puede ser peligroso. De ahí también los mensajes que se han oído o leído de «No cojas el tren (o el coche, o el autobús)». Cualquiera diría que lo tienen todo calculado.
A esta dimensión sentimentaloide hay que añadir ahora otra capa o argumento: la de la dimisión. Hay por ahí algunas personas que piden/exigen la «dimisión» del todavía titular de Transportes. Permíteme que use un vocabulario más grueso de lo normal: esa exigencia, a menos de un mes de unas elecciones en que previsiblemente saltará de su sillón, es una gilipollez, porque ya me estoy calentando con tanta ídem. No menos gilipollas es lo de «no es momento de buscar culpables ahora», sonsonete que ya se usó en la riada de Valencia de hace dos años; y que además no fue el PSOE, sino la alcaldesa de Valencia, de la escuadra de Feijoy.
Pues no, Javier: es momento de buscar culpables ahora. El momento de investigar las causas, las víctimas y todas las pruebas que se puedan presentar ante un tribunal (documentales, periciales, testificales y reconstrucción de hechos, mayormente) es ahora. Fíjate el tiempo que ha pasado desde lo de Ademuz y aún no sabemos gran cosa de lo que ocurrió… y, sobre todo, a quién atribuir la causalidad última de los hechos. Y aunque a algún togado le moleste, me toca muchísimo las narices (por no decir otra cosa) que, si por fin, alguien presenta la correspondiente denuncia o querella, la exquisitez de la justicia dicte que «dado que estamos en (puertas de) un proceso electoral, dilataremos las diligencias hasta después de su conclusión, para no influir en él».
Incluso podríamos hablar de un agravio comparativo. Pongamos que un familiar tuyo (naturalmente, no lo deseo; sólo lo cito a modo de ejemplo) tiene un accidente y se halla en el hospital. Pongamos también que alguien te ponga una querella por un delito de injurias (has dicho algo en antena que a esa persona le ha ofendido, aunque sea verdad). ¿Crees que el Juzgado va a retrasar tu comparecencia por causa de la salud de tu familiar? Naturalmente que no. Tu familiar puede hallarse entre la vida y la muerte y tú tendrás que comparecer ante su Señoría. No hay más huevos.
Con los ministros, diputados y demás debería ser igual: un juez puede señalar una comparecencia el día que convenga para el proceso y el político debería comparecer, así esté a dos días de las elecciones o a una semana. Pero, por lo que sea, no es igual: las comparecencias se retrasan hasta dos y tres meses, el político de turno usa y abusa de su derecho a no comparecer personalmente y a enviar respuestas por escrito, como aforado que es… Es una delicadeza exquisita que un juez, valorando el peso de los indicios que apuntan a la culpabilidad del obligado a comparecer, no debería tener. Y tampoco se puede consentir que el político mire al juez de través, como diciendo: «Tú ocupas ese sillón porque yo “te puse” ahí», que se puede calificar como corruptio maxima.
Creo, Javier, que habría que decirles a los señorías togados algo como esto: «¿Creen ustedes que a estas alturas de la película alguien va a modificar el sentido de su voto con la que ha caído y está cayendo? El que va a votar a Sanxe seguirá queriéndole votar el 29-N porque en realidad no le vota a él; vota «contra el fascismo (a saber qué coño se creerá ese votante que es el “fascismo”». Y el que no vota a Sanxe hoy, tampoco lo hará el 29-N. Vota contra Sanxe y su banda de facinerosos. Sin embargo, en ese voto contrario a Sanxe hay que distinguir, cosa que dejo para una próxima carta.
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