Pensamientos al vuelo

Ideas, intuiciones y otras cosas que se me pasan por la cabeza


Carta novena escrita a Javier

Cada vez queda más claro que nuestro grito de guerra es lo que más se acerca a la realidad: ¡Lucidos quedamos, querido Javier!

Que este Jodierno sea especialista en tramoyas es algo que ha quedado sobradamente demostrado en los últimos meses. Ahora, gastados la mayoría, sólo les quedan ya dos cartuchos:

a) el de la violencia, del que hemos hablado en la carta anterior, dirigido a aquellos que se apuntan a un bombardeo y que es como una especie de permiso para cometer todo tipo de animaladas.

b) el del marco mental, que trata de limitar la batalla electoral a dos opciones que forman parte del mismo calcetín reversible: de un lado, el PSOE; de otro, el PP. El calcetín, naturalmente, es el mal llamado régimen del 78. Como si, al modo de Juan Palomo, ellos se lo guisaran y ellos se lo comieran. Y los demás, empezando por los partidos que no entran en ese calcetín y acabando por esa entelequia llamada «pueblo», son huéspedes no invitados.

Pero no hay que equivocarse, Javier; al menos, respecto de España. Los medios mentirosos (casi todos, ya sea por ideología o por «precio, recompensa o promesa») lo plantean también como «lucha entre “izquierda” y “derecha”». El enunciado hace llorar de risa a von der Hexen y a sus compinches. Deben pensar: Dümmer geht’s nimmer («Más tonto ya no se puede» o, en castizo: «No son más tontos porque no entrenan»). Ya han demostrado que los resultados electorales en los países en que «tienen mano» les importan una eme: pregunta, si no, en Rumania y en Hungría, donde han conseguido colocar a «uno de los suyos».

Será cosa del eclipse de agosto o habrá otras razones: pero ese marco mental ya ha saltado por los aires en 2026. El respetable se va dando cuenta de que la verdadera lucha ya no es entre “izquierda” y “derecha”, por supuesto: es entre nacionalistas (los que a sí mismos se llaman «patriotas») y globalistas. En términos más generales y por tirar de grandes etiquetas, la «Unión Europea» contra la «Europa de las Naciones».

Lo cual significa una importante redefinición del campo de batalla en términos batuecos: así, a un lado, todos los que creen, como el pobre Ortega y Gasset (que sería un gran filósofo en otros terrenbos, pero en esto demostró ser un cateto) que «España es el problema y Europa la solución». Ya la pifió cuando saludó alborozado el advenimiento de la República… y cuando empezó la quema de conventos y asesinato de religiosos, tuvo que admitir que no es esto, no es esto. Y al otro, los que creen que la continua cesión de soberanía estatal a un órgano supranacional ha sido un completo fracaso, por razones cercanas y lejanas… y que no se puede dejar el destino de una nación en manos de gente (o gentuza) que no siente los colores. Para que lo entiendan los productos LOGSE: en manos de un Lamine Yamal cualquiera, que hoy te dice que juega con España, pero que no le importaría ponerse la camiseta marroquí porque, a fin de cuentas, él es de allí.

Para entendernos, es como el remate del famoso chiste de las ovejas:

—Entonces, ¿las ovejas blancas son suyas?
—Sí.
—¿Y las negras?
—También, también.

Así, pues, PSOE y PP no son dos opciones diferenciadas. Son ovejas de diferente color, pero del mismo rebaño. Se pueden correr apuestas acerca de quién es el amo. Pudiera ser que la famosa canción de Remedios Amaya sonase hoy en día así…

Ay, quién maneja el rebaño, quién…
Que al matadero me lleva, quién…


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