El patio batueco está… bueno, parece que está en espera. Ya decíamos antes que, poco a poco, en toda Europa se está preparando un pendulazo. Por eso, eso que todavía llamamos «izquierda» patria parece estar velando armas ante el más que seguro cambio de color del Gobierno. Desbaratados los intentos de desviar la atención del respetable (ya hemos visto cómo, uno detrás de otro, han ido haciendo ¡pumba!), al Gobierno ya en funciones no le quedaban más que dos opciones:
a) Pervertir el censo con la mal llamada ley de nietos. Opción que el TS ha frenado en seco (¡pumba!), al demostrarse que no llega ni a un 1% el número de personas con los requisitos necesarios para integrarse en el censo. Por una vez, además, Conde-Pumpido ha rechazado el recurso contra la decisión del Supremo de Cromañón Gabilondo, a la sazón Defensor del… Gobierno), por lo que ha decidido esta vez no entrometerse en el quehacer del Alto Tribunal.
b) Reventar las calles. Es una estrategia para cuando se confirme el cambio de Gobierno: probablemente, PP como lista más votada (con sometimiento a Bruselas) y VOX como apoyo. Esperemos que les den algún ministerio importante y que no los releguen a la «comisión de ferias y fiestas» (o su equivalente ministerial).
Sobre la segunda hay que añadir otra capa: la de las declaraciones de Manuela Bergerot, portavoz de Más Hachís en el Parlamento madrileño, una señora importada de Argentina que, por lo visto, al no poder ser montonera en su país, ha decidido serlo aquí. Sus palabras «No habrá paz» y las alusiones a la «vía francesa» de la también diputada de esa formación Jimena González no se han tomado a broma, pues indican lo que se pretende con la opción b). Recuerda a los disturbios que provocó «la izquierda» en las banlieues de París cuando Sarkozy fue elegido presidente de Francia. Se ha visto obligada a matizar esas palabras para que no la empapelen por «incitación a la violencia»; pero la advertencia queda hecha.
De hecho, Barcelona ya demuestra que la segunda de las opciones es la que tomará cuerpo si finalmente se verifica el cambio de color político del Gobierno. La famosa Rosa de Foc que ya ardió en 1909 vuelve a arder (o pretenden que lo haga). Los salientes se frotarán las manos y pensarán «Menudo problema les hemos dejado: no tienen dinero, no tienen recursos y las calles, gracias a nuestros terminales mediáticos y sociales, arden sin control. A ver cómo tienen huevos de arreglarlo».
No te preguntes, Javier, por qué el aliento revolucionario sólo aparece cuando un Gobierno «de izquierdas» está a punto y con toda seguridad, de perder el poder, que además supone que los sindicatos pierden también su ración de gambas con cargo a PGE. Pregúntate más bien quién está detrás de esos destripaterrones.
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