Pensamientos al vuelo

Ideas, intuiciones y otras cosas que se me pasan por la cabeza


Lo hemos vuelto a hacer (y III)

La victoria española ha traído cola en tres asuntos que me parecen importantes. El primero es, sin duda, el lloriqueo de los argentinos porque su selección perdió la final. Como siempre, las redes sociales son el vertedero donde esas personas pueden volcar su rabia, su frustración y su envidia, bien sazonadas con los típicos argumentos negrolegendarios. Y hemos visto de todo: hasta hubo quien pedía que «se repitiese la final». Vamos, como los socialistas españoles, que querrían provocar una nueva guerra civil para poder ganarla (huy, espera: sí que quieren hacerlo) en vez de salir por patas como en 1939.

El segundo es que ha puesto de manifiesto la fe del entrenador de la Selección. Luis de la Fuente es católico y no se esconde. Esto no tendría mayor importancia en otros contextos; pero en el nuestro, en que estamos gobernados por una pandilla de rojos y de masones, que además quieren acabar con una parte importantísima del ser colectivo nacional, que es la religión católica, sí la tiene. Ese contexto ha provocado que la Iglesia, quien sabe por qué, se ha ido callando para no incomodar al poder; e incluso ha cedido el Valle al Ministerio del masón Ángel Víctor Torres, para regocijo de los hermanos de éste y vergüenza del arzobispo Cobo, al que habría que aplicar el mismo protocolo que al árbitro esloveno. Por tanto, para quienes intentamos seguir la línea de las tres Personas Divinas, es reconfortante ver que alguien con proyección pública se acuerda de Mt 10:32.

Y el tercero es que resulta que si la nacionalidad se puede conceder a conveniencia deportiva, es algo que no vale un real. Aquí quiero traer a colación el lío que se montó por venir a decir Rajoy una verdad (non sic), algo que cuando estaba en ejercicio nunca practicó: «¿Cómo pueden hablar los franceses de “selección francesa” si no hay franceses en ella?». Los más vieron la ocasión para atizar al PP, pues para eso les pagan: los insultos e improperios al expresidente sobrepasaron la media habitual de insultos e improperios al PP. Y si es verdad, ¿hay que disculparse? Dejamos aquí la polémica. Lo interesante es que entre unas cosas y otras se van disolviendo lenta e inexorablemente los vínculos entre españoles. Con lo peligroso que ha sido y es eso para nosotros…

Y que ni siquiera podamos cantar nuestro himno, teniendo que sustituirlo por una letra con la música de Kalinka (y aun así los enemigos interiores de España se cabrean; qué le vamos a hacer). No sé a quién se le ocurrió la genialidad, pero es lo poco que nos queda como españoles. Si quieren, hacemos la lista:

  • un patán globalista coronado manejado por su señora «republicana». Que pareció sacar pecho en 2017, cuando la republiqueta, pero eso se acabó.

  • rota la famosa «solidaridad interterritorial» (158.2 CE): ahora, hasta los andaluces quieren ser separatistas (manda huevos).
  • una casta política cuyos miembros y miembras sólo aspiran a dos cosas: a perpetuarse en su escaño o, en otro caso, a arramblar lo que puedan antes de que los echen las urnas.

  • un Ejército disminuido y comandado por generales genuflexos sabedores de que su fajín dependió de una decisión política.

  • unas FCSE que se dedican más a ser la policía de los políticos que servidores de los ciudadanos.

  • Y por encima de todo, un Gobierno que no mira por los intereses de los españoles, sino por los de sus amigos (entre los que hay que contar las empresas de la mal llamada «energía verde», según se está viendo ahora que arde España). Y sobre todo, que mira a los de Bruselas. Lo que hace que me pregunte si, al final, Von der Leyen es la chica de los recados de Alexander Soros o no. Pero hablaremos de eso en otra entrada.


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