Pensamientos al vuelo

Ideas, intuiciones y otras cosas que se me pasan por la cabeza


Carta quinta escrita a Javier (I)

Comienzo esta quinta carta con el grito de guerra tomado prestado a D. Mariano José de Larra: ¡Lucidos quedamos, querido Javier! En esta quinta carta, como es verano y hace mucho calor, quisiera hablar un poco de asuntos diversos, una especie de pot-pourri («olla barrejada», que diríamos en Lleida) o patchwork, si nos acogemos al Empire’s Language.

Primer trozo

Ayer, naturalmente, fue un día para recordar por los españoles de bien. Sí, fue el 90º aniversario del día en que estalló la guerra civil, que costó tres años de la vida del país, miles de muertos (no discutiremos si «un millón», como decía Gironella, o menos, o que «no había que contarlos», según Torrente Ballester) y que dejó la nación como un solar y un erial, hasta el punto de que Franco tuvo que empezar desde casi cero el proceso de reconstrucción. Ha sido una buena cosa que, gracias a historiadores como Pío Moa o Stanley G. Paine, la historia haya avanzado hacia atrás. Es decir: pasamos del simplista e izquierdista «Franco provocó la guerra porque se rebeló contra la República» a preguntarnos cómo hemos llegado hasta aquí. Pregunta que cuidadosamente se evitaba en los libros de texto escolares, escritos bajo las directrices del historiador comunista Tuñón de Lara (los de nuestra época, al menos; y digo nuestra porque tú me llevas a mí apenas tres meses).

En ese proceso hemos ido retrocediendo desde las fraudulentas elecciones de 1936 (trabajo excelente de Álvarez Tardío y Villa García), hasta la misma proclamación de la II República, en 1931. En este proceso han ido cayendo prácticamente todas las excusas, mentiras y fabulaciones, con las consiguientes rabietas de la historiografía oficial. Sin embargo, también se ha producido un efecto perverso: al desplomarse la calidad de la educación y, por consiguiente, del relato histórico, es difícil que los chavales que ya estuvieran en edad de comprender las cosas comprendan del todo las implicaciones y los factores que se alinearon y fueron conducidos hasta producir el desastre, asignando de paso las «culpas» donde corresponda.

Y permíteme establecer un paralelismo: si en la Alemania de los primeros años treinta hubo un Franz von Papen, personaje débil en la política alemana del momento que entregó el poder a un personaje como Hitler, el «Franz von Papen español» pudo haber sido el político o prohombre español que convenció a Alfonso XIII de que abdicara, cosa que él hizo «para evitar un derramamiento de sangre» (que al final no se evitó). Es una fecha que todos los españoles de bien hemos de recordar, porque fue aquella en que media España se negó a dejarse matar por la otra media y así dejar espacio a una dictadura de cuño comunista, como sucedería años después en toda la Europa oriental, con los resultados conocidos.


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